Los gritos como recurso educativo

 

Todos hemos gritado alguna vez a nuestros hijos, por varios motivos: porque nuestros padres nos gritaron a nosotros,  porque es un recurso que no requiere desgaste el_regalo_de_los_insultosintelectual y porque en los primeros momentos produce efectos a corto plazo, lo cual nos sirve de refuerzo.

Pero ¿qué perjuicios ocasiona a nuestros hijos? Cuando se utiliza de forma habitual, se ha demostrado en investigaciones que afecta al Sistema Nervioso de nuestros hijos, constatándose un mayor riego de trastorno psiquiátrico cuando son adultos. Además, los niños aprenden a utilizarlo como medio para conseguir lo que desean, de la misma forma en que lo utilizan sus padres. Otras razones  para evitar los gritos:

  • El niño se habitúa, de forma que ya no funciona como recurso educativo.
  • Mantienen al niño en estado de estrés y nerviosismo perjudicial para su desarrollo.
  • Pueden desencadenar en el futuro problemas de salud mental, como depresión y adicción a sustancias. Sólo conseguiremos un extremo en sumisión o rebeldía. O bien, el niño se adapta, sin protestar para evitar el conflicto, o bien se rebela ante la normativa, imitando a los modelos paternos, con un estilo de comunicación “agresivo”.
  • Se acostumbran a obedecer sólo cuando se les grita.
  • Al gritar, los padres también se estresan, por lo que entramos en una espiral de violencia difícil de contener y escapar de ella.

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